El grupo tuvo distintas formaciones. Marcelo y Gustavo, Alex Sheridan (bajo), Fabián Feld (batería), Enrique Bonetto (saxo, flauta y clarinete) y Sebastián Schon (saxos y flauta). También pasó por la banda Pablo Rodríguez, actualmente saxofonista de Los Auténticos Decadentes, fueron algunos de los músicos que pasaron por Vozarrón.
“Fue el primer grupo donde toqué cuando me decidí dedicarme la la música”, recordó Sebastián Schon, que trabajó junto a Cacharro López, Andrés Calamaro, Diego Torres, Miranda, Daniel Melingo, Ketama, Rubén Rada y Luciano Pereyra, entre muchos otros a La Viola. “Llegué por un amigo de un amigo y no tenía mucha idea de qué era. Me encontré con un estilo de música que me sorprendió”, sumó sobre Vozarrón.
“En ese momento, como la mayoría de los saxofonistas, estaba interesado en el jazz, si bien había pasado por la escucha y el entusiasmo de otras músicas. Vozarrón era una fusión de folklore con algo de jazz. De la mano de Marcelo Kaplan que era discípulo de Manolo Juárez”.
“Gustavo, que estaba en la primera formación, me impresionó que tocaba muy bien y que, si bien el repertorio era mayormente instrumental, cantaba muy bien la única canción que había. Era muy meticuloso y tenía sus anotaciones en un típico cuaderno pentagramado ‘Istonio’. Fueron unos pocos meses y conciertos en común. Después el dejó el grupo. Yo seguí un tiempo más” completó.
Pablo Rodríguez se sumó al recuerdo de Vozarrón. “Con Gustavo éramos dos jóvenes entusiastas que confiábamos mucho en nuestro trabajo musical. Éramos obsesivos del audio y del estudio. En una pausa de un ensayo me dijo ‘vos vas a llegar’. Teníamos 20 años y estábamos llenos de ganas. Empeñábamos todo en ser eficientes en lo que hacíamos. En esa época, él no cantaba, solo tocaba la guitarra”.
El saxofonista de Los Auténticos Decadentes recordó a La Viola uno de los recitales. “Hicimos un show en el Sindicato de Músicos, al poco tiempo que se mudó a la Avenida Belgrano. Fue en la planta baja del edificio, donde estaba el restaurante”, agregó.
Un show de Vozarrón con Richard Coleman en el público“Fue en la vieja La Trastienda, la que estaba en Thames y Gorriti. Fue ir a ver la actuación de amigos, era la banda de mi compañero de colegio, Marcelo Kaplan, que era el principal compositor de la banda”, explicó Richard Coleman a La Viola. Un recital más para el adolescente que marcaría una amistad con Cerati.
“La noche no era muy amigable, especialmente la policía te llevaba preso, entonces era como que había que elegir muy bien las batallas. Fui con una amiga, una noche muy linda, de buena música, sonaba bien, era interesante. Un experimento de fusión de jazz rock y folKlore, una canción de este género que tenían arreglos de jazz y de jazz rock”, describió el exintegrante de Fricción y Los 7 Delfines.
“Una formación bastante típica, no me acuerdo si había vientos, pero sí estaba Marcelo con sus pianos y sintetizadores. Había un bajista muy bueno, batería y el guitarrista, que cantaba en un par de temas, era casi todo instrumental excepto una o dos canciones”.
Coleman, en aquella noche, puso la mirada en ese guitarrista. “Tenía una viola SG, más algún pedalito sencillo que mejoraba el sonido, un equipo Music Man, y tocaba super bien. Era rápido, cuando había que hacerlo y se destacaba con los solos de jazz rock. Era la primera vez que lo veía llevar a este pibe, era el guitarrista de la banda de mi amigo”
“El asunto cambió cuando cantó ya que marcó una diferencia, porque fue el día y la noche, fue como otro grupo. Era una especie de zamba rara, no me acuerdo bien, pero fue impresionante, fue hipnótico, cambió todo. Mi amiga quedó flasheada al verlo. Era notable”.
El destino llevó a que Richard participara en algunos ensayos de Soda, en sus primeros días, invitado en shows importantes de la banda y una relación cercana con el recordado artista durante su carrera solista.
“No sé cuánto habremos charlado sobre ese show, fue un comentario, así apenas nos conocimos. La anécdota fue creciendo con el tiempo, pero sí, como muy particular de esa noche fue el efecto en la platea femenina. Cuando Gustavo empezó a cantar, yo miré y noté un cambio en la recepción”, concluyó.
“Cuando él comenzó con Soda nos empezamos a ver esporádicamente. Una de las cosas que siempre recuerdo con cariño y simpatía, es que a Gustavo le gustaba cantar los temas instrumentales que hacíamos como si fuera parte de una hinchada de fútbol, en especial le agarraban esos ataques de cancha cuando íbamos en auto a tocar a algún lado. Se empezaba a dar manija con todo eso y animaba a todo el grupo”, recordó Kaplan.
El reencuentro de Sebastián Schon y Pablo Rodríguez con Gustavo Cerati en la época de Soda StereoSchon se fue a estudiar música a Boston, pero tuvo un encuentro con Gustavo a su regreso, en 1985. “Le pregunté a un amigo, Sebastián Schachtel (Clap, La Portuaria y Las Pelotas) que pasaba de nuevo en la escena musical y me habló de Soda Stereo. En algún momento vi un afiche y a pesar del cambio radical de look y de estilo musical reconocí a Gustavo”.
En aquellos días, en 1986, recibió la invitación para sumarse a la grabación de Signos: “Llegué de la mano de Juan “Pollo” Raffo con quién yo había tocado en un grupo. Él había tocado teclados y hecho arreglos de vientos para “Sin sobresaltos” y “Prófugos”. Sobre este último clásico de Soda, el músico recordó que era extenso y que solo quedó en el disco una nota, “un hit de brass”. “Creo que es mí participación más mínima de la historia”, destacó con énfasis.
También, destacó una anécdota especial que se vivió una jornada de grabación. “Recordamos la época de Vozarrón. Habían pasado varios años. En el momento en que estábamos hablando de aquellos días, se abrió la puerta del control de Moebio y entró Marcelo Kaplan. Fue sorpresivo y nos saludamos, pero nunca preguntamos porqué había ido al estudio. No es costumbre que alguien entre sin aviso en la sesión de estudio de otros”.
Pablo Rodríguez también habló sobre aquella experiencia con Soda Stereo en el disco Signos. “Fui convocado por el Pollo Raffo para el show de presentación del álbum en Obras, con una sección de vientos muy importante. Los arreglos sonaban muy ajustados. En una pausa que nos tomamos recuerdo que Gustavo se quedó tocando temas de Pink Floyd y se sabía los solos de David Gilmour tal cual y los músicos que no lo conocía dijeron ‘este toca’. Creo que eso lo hizo mostrando que él también era estudioso. Muy dedicado. Una persona que abordaba con mucha obsesión con resultados efectivos. Llegaba a comunicar la emoción que buscaba”.