— ¿Cómo conviven en vos el baterista de Maná y el que tiene un lado más heavy metal?
— Afortunadamente crecí en un ambiente musical donde escuchaba de todo. Mi mamá es cubana y mi papá es colombiano, así que en casa había mucha música latina. Luego me metí en todo lo relacionado con el rock: el rock pesado de los setenta, el rock de los sesenta, el rock progresivo —Yes, Genesis, King Crimson, de quien era megafan de Bill Bruford—, el new wave, el punk, los Ramones, el reggae con Bob Marley y Peter Tosh, el heavy metal de los ochenta con Quiet Riot, Guns N’ Roses, Mötley Crüe. El único estilo que nunca practiqué, aunque lo aprecio profundamente, fue el jazz. Entonces, como baterista, eso te da la libertad de poder tocar géneros distintos si tenés la habilidad. Yo nunca me quise encasillar en un solo estilo. Eso me permitió, por ejemplo, hacer un proyecto de rock pesado junto a Andrés Giménez, que es un querido hermano y amigo argentino. La música es para divertirse y crear cosas interesantes.
— Desde “Cama Incendiada” no lanzan material nuevo. ¿Piensan grabar un disco?
— Sí lo hemos hablado. Cuando terminamos la gira de Cama Incendiada, a finales de 2016, teníamos pensado empezar a trabajar en un álbum nuevo, pero la gira se extendió. Justo cuando pensábamos que iba a ser el momento, vino el COVID. Se paralizó el mundo completo y no sabíamos qué iba a pasar. Al poder regresar, a finales de 2022, la primera necesidad fue volver a tocar en vivo: extrañábamos estar frente a un público y la gente extrañaba esa sensación de escuchar música en vivo, estar todos abrazados y cantar. Por eso nos hemos enfocado tanto en las giras. Salió el proyecto de Noches de Cantina, que Fher ya traía en la cabeza, invitando a artistas que ni habían nacido cuando Maná ya tenía discos. Pero sí hemos estado hablando de cómo y cuándo grabar. No sabemos si vamos a soltar canciones de a poco, sacar un EP o un álbum completo. Lo que sí puedo decir es que hay intención de hacer música nueva.
— ¿Cómo se adaptaron al modelo de Spotify y los sencillos sueltos?
— Yo te voy a ser honesto: sé que Spotify es una plataforma muy importante, pero personalmente no la uso. Yo sigo comprando música, sigo comprando vinilos, apoyo a bandas nuevas. Soy de esa generación. Pero más allá de las plataformas, lo más interesante es ver cómo nuestra música se fue pasando de generación en generación gracias a los papás, los abuelos, los hermanos, los tíos. Eso fue algo natural, no fue una estrategia de marketing. Así es como Maná ha podido estar vigente. Y otra cosa: Maná gira mucho y toca mucho. En la gira por Estados Unidos, que arrancamos en septiembre del año pasado, ver chicos y chicas de entre cinco y doce años en los conciertos —con sus hermanos, con sus padres— es alucinante. Ahí te das cuenta de que la música pasó de generación en generación. Te ven en vivo y ahí es donde flipean. De eso se trata ser una buena banda: que cuando toqués en vivo, la gente tenga ganas de volver a verte.— ¿Cómo fue la actuación en la ceremonia inaugural del Mundial?
— Fue una locura. Nunca nos imaginamos abrir la inauguración de una Copa Mundial en México. De adolescentes nos tocó vivir México 86 en Guadalajara y fue algo muy bonito. Cuando nos avisaron que querían que Maná abriera la inauguración, fue como un sueño. Fue muy emotivo, muy alucinante. La FIFA al principio solo nos quería dar un minuto y tuvimos que pelear. Nuestro mánager pudo sacar más de dos minutos. Hicimos una versión muy potente en vivo y Fher, que sabe cómo calentar al público, fue increíble. Nunca nos imaginamos ver esa reacción: cómo cantaron en el estadio y afuera. Con los monitores de oídos, el volumen de la gente cantando sobrepasaba al de la música. Fue algo muy lindo. Y cuando después te dicen que te vieron 1.200 millones de personas en el mundo, ahí es cuando decís: “¡¿Qué?!” Qué bueno que no nos decían esas cifras antes de tocar. La repercusión positiva ha sido una publicidad para Maná a nivel mundial impresionante.
— ¿Sos futbolero?
— Soy futbolero, pero no soy fanático. Soy de Chivas de Guadalajara, aunque mi compadre Rafa Márquez era del Atlas, el otro equipo de la ciudad. Me encanta la pasión de los argentinos por el fútbol. Tuve la oportunidad hace muchos años de conocer a Messi, cuando jugaba en el Barça. Un tipazo. Fher tuvo la oportunidad de conocer a Maradona. La relación del fútbol y Argentina es algo que no se puede desconectar. Está en su sangre, en su ADN, y es algo muy fuerte culturalmente. Yo siempre digo: el que gana es el que le metió más ganas en la cancha.
— Tenés una relación muy estrecha con músicos argentinos. ¿El proyecto con Andrés Giménez va a continuar?
— Es un proyecto que queremos muchísimo. Se hizo con el gran deseo de tocar juntos. Grabamos un disco hace un par de años que fue muy bien recibido y estuvo nominado para un Latin Grammy. Lo difícil, que siempre supimos, no era juntarnos a grabar y crear: el gran problema iba a ser cómo íbamos a poder salir a girar. Andrés acaba de sacar dos discos y anda girando por todos lados. Estamos hablando a ver si hay posibilidad para el año que viene de juntarnos para tocar en festivales en Latinoamérica, que sería increíble. Como dicen, de lo bueno, poco. Es un proyecto al que le queremos seguir dando seguimiento. No pierdan la fe.
— Maná siempre fue una banda con mucha conciencia ecológica en sus letras. ¿Cómo sigue el trabajo de la Fundación Selva Negra, que patrocinan?
— Seguimos trabajando muy duro. Seguimos con los campamentos tortugueros, que es un proyecto hermoso. Tenemos un vivero impresionante en La Primavera, que es el pulmón de Guadalajara y de toda la zona metropolitana. Llevamos más de ocho años con ese vivero, con guardabosques propios por si hay un incendio. También seguimos apoyando una reforma migratoria para los inmigrantes latinos en Estados Unidos. El medio ambiente y la ecología siguen siendo un problema muy importante porque todos estamos en el mismo barco. El calentamiento global sigue ahí. Yo creo que puede haber un balance entre infraestructura y respeto al medio ambiente. Imagínate si algo tan sencillo como que cada persona sembrara un árbol o dos se convirtiera en una mentalidad colectiva a nivel mundial. Qué verde estaría Buenos Aires, qué verde estaría la Ciudad de México. Ahí es donde nosotros le estamos metiendo mucho punch Animal y me encanta. Tengo un montón guardados.