“Lo compramos original, en un outlet”, aclaraban siempre, casi ofendidos, y fueron un furor. En cuestión de días, los pibes de los barrios vestían cómo sus ídolos adolescentes, pero no todos tenían los recursos para comprarse el original. Y las imitaciones eran tan buenas que no se notaban. A los ejecutivos de marketing no les hizo mucha gracia el asunto, un poco por la cantidad de indumentaria trucha y otro porque no era el target acostumbrado.
De todo lo que generaban por show, veían solo una parte. “Nosotros hacíamos la nuestra, no nos dábamos cuenta”, reconoció el cantante un años atrás en una entrevista con Infobae. La que descubrió la punta del ovillo fue su mamá, en una de las visitas del grupo al programa de Susana Giménez: “Ella escuchó que nos habían pagado 180 mil pesos y a nosotros nos dieron 2.000 a cada uno. Ahí empezamos a notar que algo pasaba, agregó. “En el cierre del año, nos pagaron 400 mil, pero a nosotros nos dieron un Blackberry... nos arreglaban así, con ropa o boludeces”, detalló.
De la formación original quedó un cuarteto formado por Brian, Leíto, Gonzalito y Memo. En 2019 volvieron a asomarse a los medios, y proyectaban una carrera alejada de locuras, con participaciones más dosificadas, hasta que los frenó la pandemia. Sin embargo, tal como indicó Muñoz a este medio el año pasado, la banda “no se terminó”.